La popularización de Internet ha traído consigo que mucha gente se lance a publicar textos, vídeos, imágenes, partidas de juegos y un largo etcétera. En consecuencia, Internet sigue creciendo y creciendo. El número de páginas web que se publican al día supera los millones.

Y esto no es una moda de los millenials, esto ocurre en todos los grupos de edad. El consumo existente de información o de distracción, es decir, de memes o vídeos ahora mismo es casi infinito. Todo cambia y se renueva con tal rapidez que apenas podemos ser seguidores de unos cuantos blogs y youtubers.

La web 2.0 lo complicó todo

Toda esta ingente cantidad de información queda depositada en algún lugar y hay que saber dónde está o, al menos, disponer del enlace que te lleve a tu contenido predilecto.

Su origen tuvo lugar cuando llegó lo que llamaron la web 2.0, que era aquella que integraba todo en las mismas webs: imágenes, vídeos, comercio y todo lo que se les ocurriera a los diseñadores de campañas online, y que fue posible gracias a la bendita ADSL. Esta magnífica integración trajo consigo un uso masivo de bases de datos, que generaban largos enlaces.

Compartir una URL, o peor aún, escribirla, dictarla por teléfono a tus padres, era poco menos que imposible. Encontrabas enlaces a webs de más de tres líneas, que al final terminabas enviando por mensajería. La misma web 2.0 nos dio la solución: los acortadores de URL.

Esta forma de enmascarar las URL ha ahorrado mucho tiempo en todo el mundo.

Acortar las URL como forma de control

Cuando vemos una URL acortada sabemos, en cierto modo, que hay alguien detrás de esa dirección web. Y sabemos que hay alguien porque se ha tomado el tiempo de acortar su URL para que resulte más accesible al resto de usuarios.

Pero el tema aquí es saber cómo nos ayudan a controlar los enlaces. Una de las características que deben reunir los mejores acortadores de URL es que nos aporten la posibilidad de personalizarlos. De esta forma, estas direcciones pasan a formar parte de nosotros, ya que hemos debido pensar cuál es el mejor nombre de la URL y la forma más fácil de memorizarla.

Otro de los datos que más nos interesan a la hora de utilizar estas webs es que guardan datos, sí de esos llamados big data, con el propósito de elaborar estadísticas de quién, desde dónde y del resto de datos que voluntariamente entregamos cuando accedemos a cualquier URL en Internet. Todos estos datos sirven para cambiar, acomodar y, sobre todo, mejorar las estrategias de marketing de las webs que los usan. Por tanto, de una forma sutil contamos con información de nuestros clientes sin que sea traumático para ellos compartirla.

¿Sabes que Twitter también tiene parte de culpa de la creación de estos servicios? Siempre hemos pensado que 140 caracteres era muy poco para decir algo del enlace que vamos a compartir. Así que, acortar la URL fue una tabla de salvación para muchos, ¿no crees?